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Terremotos, temblores y tsunamis: ¿qué nos enseña la Biblia? | Parte 2

Serie: Guerras, terremotos y los últimos tiempos — Parte 2 de 4

En la primera parte de esta serie hablamos de las palabras de Jesús acerca de las guerras y rumores de guerras.

Ahora avanzamos hacia otra expresión que aparece claramente en la enseñanza de Jesucristo:

“...y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”
Mateo 24:7

Cada vez que ocurre un terremoto importante, las imágenes recorren el mundo en pocos minutos. Edificios destruidos, calles quebradas, familias que pierden sus viviendas y ciudades enteras intentando recuperarse.

Frente a estos acontecimientos surge nuevamente una pregunta:

¿Qué nos enseña la Biblia cuando la tierra comienza a temblar?

Jesús habló de terremotos en diferentes lugares

Cuando Jesús habló con sus discípulos acerca de los acontecimientos futuros, mencionó expresamente los terremotos.

“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”
Mateo 24:7

Lucas registra una enseñanza semejante:

“Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.”
Lucas 21:11

La Biblia no nos da estas palabras para convertirnos en especialistas en catástrofes ni para vivir pendientes del próximo desastre.

Nos llama a estar espiritualmente despiertos.

¿Es lo mismo un temblor que un terremoto?

Un sismo es un movimiento de la corteza terrestre.

En el lenguaje cotidiano solemos llamar temblor a un movimiento que se siente pero que produce pocos daños, mientras que utilizamos la palabra terremoto cuando el movimiento es fuerte y provoca destrucción.

Desde el punto de vista científico, ambos forman parte del mismo fenómeno sísmico.

Pero para nuestra reflexión hay algo que resulta impactante:

algo que puede durar solamente unos segundos puede cambiar una ciudad durante años.

¿Qué es un tsunami?

Un tsunami no es exactamente un terremoto.

Es una serie de grandes olas producidas por el desplazamiento repentino de una enorme cantidad de agua.

Una de sus causas puede ser un terremoto fuerte debajo del océano.

El movimiento del fondo marino puede desplazar el agua y generar olas capaces de alcanzar zonas costeras.

Sin embargo, no todos los terremotos producen tsunamis.

Cuando aquello que parecía firme comienza a moverse

Tal vez una de las características más impresionantes de un terremoto es que hace mover aquello que nosotros consideramos firme.

El suelo.

Los edificios.

Las carreteras.

Los puentes.

Aquello sobre lo cual caminamos todos los días puede comenzar a temblar.

Y esto nos lleva a una enseñanza espiritual muy profunda.

Muchas veces construimos nuestra seguridad sobre cosas que creemos que nunca cambiarán.

El trabajo.

El dinero.

La salud.

Una relación.

Una posición.

Una propiedad.

Nuestros propios planes.

Pero la vida nos demuestra que muchas de esas cosas pueden cambiar.

La Biblia habla de un fundamento que no se mueve

Jesús contó la historia de dos hombres que construyeron sus casas.

Uno edificó sobre la roca.

El otro edificó sobre la arena.

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”
Mateo 7:24

Después llegaron la lluvia, los ríos y los vientos.

La casa fue golpeada.

Pero permaneció firme.

“...y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.”
Mateo 7:25

La enseñanza es clara:

no es suficiente construir una vida que parezca firme. Necesitamos construir sobre el fundamento correcto.

Ese fundamento es Jesucristo y su Palabra.

El terremoto no crea el fundamento: lo pone a prueba

Cuando todo está tranquilo, muchas casas pueden parecer igualmente fuertes.

La diferencia aparece cuando llega la tormenta.

Algo semejante ocurre espiritualmente.

En los momentos tranquilos podemos pensar que nuestra fe está firme.

Pero las pruebas revelan dónde estamos realmente afirmados.

Una enfermedad puede sacudirnos.

Una pérdida puede sacudirnos.

Un problema familiar puede sacudirnos.

Una dificultad económica puede sacudirnos.

Una decepción puede sacudirnos.

Entonces aparece una pregunta:

¿Dónde está colocado nuestro fundamento?

Argentina también conoce los terremotos

Cuando hablamos de grandes terremotos quizás pensamos inmediatamente en países muy lejanos.

Sin embargo, Argentina también posee antecedentes sísmicos importantes.

El terremoto de San Juan de 1944 produjo una de las mayores tragedias naturales de nuestra historia.

Mendoza también sufrió terremotos destructivos, y el terremoto de Caucete, San Juan, en 1977 volvió a demostrar la fuerza que puede alcanzar un sismo.

Esto nos recuerda que las palabras de Jesús acerca de terremotos “en diferentes lugares” describen una realidad que atraviesa distintas regiones del mundo.

Unos segundos pueden dejar consecuencias durante años

Hay algo que resulta especialmente fuerte cuando observamos un terremoto.

El movimiento puede durar poco tiempo.

Pero después quedan viviendas destruidas, caminos dañados, hospitales afectados, familias desplazadas y economías enteras intentando recuperarse.

Esto también puede enseñarnos algo acerca de nuestras decisiones.

Hay decisiones que duran minutos, pero sus consecuencias pueden acompañarnos durante años.

Una palabra pronunciada con enojo puede herir profundamente.

Una decisión tomada sin consultar a Dios puede cambiar nuestra dirección.

Un momento de orgullo puede romper una relación.

Un pecado que parece pequeño puede producir consecuencias que nunca imaginamos.

Por eso la Palabra nos llama constantemente a examinar nuestro camino.

“Examinadlo todo; retened lo bueno.”
1 Tesalonicenses 5:21

No debemos vivir con miedo

Cuando vemos terremotos y catástrofes podemos sentir temor.

Pero nuevamente debemos recordar las palabras de Jesús:

“Mirad que no os turbéis.”
Mateo 24:6

Dios no quiere que vivamos aterrorizados esperando que ocurra una tragedia.

Quiere que vivamos preparados.

El temor puede paralizarnos.

La fe nos lleva a acercarnos a Dios.

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.”
Salmos 46:1

Aunque la tierra sea removida

El Salmo 46 contiene una expresión especialmente apropiada para este tema:

“Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar.”
Salmos 46:2

Observe la profundidad de estas palabras.

La Biblia no dice que nunca habrá momentos donde todo parezca moverse.

Dice que incluso en esos momentos podemos confiar en Dios.

Nuestra seguridad no consiste en que nunca tendremos problemas.

Nuestra seguridad está en saber quién permanece con nosotros cuando llegan.

Los acontecimientos deben llevarnos a despertar

Jesús habló de guerras, hambres, pestes y terremotos, pero no para provocar desesperación.

El propósito es recordarnos que debemos estar preparados.

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.”
Mateo 24:42

No sabemos cuándo terminará nuestra vida.

Tampoco sabemos cuándo regresará Cristo.

Pero sí sabemos qué podemos hacer hoy.

Buscar a Dios.

Arrepentirnos.

Perdonar.

Reconciliarnos.

Volver a la Palabra.

Y construir nuestra vida sobre Cristo.

Hay una buena noticia

Cuando hablamos de terremotos y últimos tiempos, el mensaje cristiano no termina con destrucción.

Termina con esperanza.

Dios todavía nos está dando una oportunidad.

Tal vez nuestra vida fue sacudida.

Tal vez algo que creíamos seguro se derrumbó.

Tal vez cometimos errores.

Tal vez nos alejamos del Señor.

Pero mientras tenemos vida podemos volver.

“El Señor no retarda su promesa... sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
2 Pedro 3:9

Dios no nos advierte para destruir nuestra esperanza.

Nos advierte porque todavía existe una oportunidad para arrepentirnos y ponernos a cuenta con Él.

Reflexión final

Un terremoto puede hacer temblar la tierra.

Una crisis puede hacer temblar nuestras seguridades.

Una prueba puede hacer temblar nuestras emociones.

Pero existe una roca que permanece.

Jesucristo.

Por eso, la pregunta no es solamente si habrá terremotos.

La pregunta más importante es:

¿Sobre qué estamos construyendo nuestra vida?

No esperemos que todo comience a temblar para buscar a Dios.

Hoy todavía podemos acercarnos.

Hoy todavía podemos arrepentirnos.

Hoy todavía podemos comenzar nuevamente.

Cuando todo alrededor se mueve, Cristo continúa siendo nuestra roca.


Próxima publicación — Parte 3: Cuando todo parece firme y comienza a temblar: ¿sobre qué estamos construyendo nuestra vida?

Serie: Guerras, terremotos y los últimos tiempos. Una reflexión basada en la Palabra de Dios para comprender los acontecimientos, fortalecer nuestra fe y vivir preparados.

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