Hay heridas que nadie ve, pero Dios sí las conoce.
La Biblia declara: “Tú has contado mis huidas; pon mis lágrimas en tu redoma” (Salmos 56:8).
Cada lágrima que otros ignoraron, Él la vio.
Cada noche de angustia, Él la acompañó en silencio.
Si alguna vez te sentiste rechazado, olvidado, ansioso o herido por tu historia, recuerda esto: tu vida no terminó donde otros te soltaron.
La Palabra dice: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmos 27:10).
Lo que hoy parece ruina, en las manos de Dios puede convertirse en restauración. Porque
Él prometió: “Yo restauraré los años que comió la langosta” (Joel 2:25).
Dios aún levanta al caído: “No temas, porque yo estoy contigo... siempre te ayudaré, siempre te sustentaré” (Isaías 41:10).
Dios aún sana heridas profundas: “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (Salmos 147:3).
Y aunque hoy no entiendas el proceso, aunque todo parezca tardar, la Escritura asegura: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).
No te rindas. No cierres el corazón. No entierres tus sueños. Dios sigue obrando aun cuando no lo ves.
Tu historia todavía no terminó.
Porque donde el dolor quiso escribir el final, Dios ya comenzó un nuevo capítulo.
#VozConPropósito
Comunicación que edifica y transforma vidas

Comentarios