Estamos por terminar un año más, un año en el que hemos tenido experiencias buenas y también malas, situaciones que ameritaron de nosotros fe y otras en las cuales nos costo mantener la fe, pero lo más importante es saber que a pesar de todo Dios ha sido fiel.
Y es que si por un momento nos pusiéramos a pensar de todas las veces que le fallamos a Dios llegaríamos fácilmente a la conclusión de que no mereceríamos tan siquiera estar terminando este año, sin embargo a pesar de nuestros errores Dios ha sido bueno con nosotros.
Estos días sirven para meditar sobre cómo hemos invertido nuestra vida en este año, qué cosas buenas hicimos y qué cosas debemos mejorar, días para preguntarnos sobre si estaremos viviendo de tal forma que Dios se siente orgulloso de nosotros o estamos viviendo de una forma en la que nosotros nos sentimos avergonzados de cómo la estamos viviendo.
Hoy es un buen día para reconocer con total sinceridad delante de Dios la vida que hemos llevado durante todo este año y si hay necesidad de mejorar muchos aspectos proponernos en nuestro corazón comenzar a vivir de la forma que más le agrada a Dios.
Hoy podemos proponernos no volver a cometer en este nuevo año que va a comenzar los mismos errores que cometimos en este que estamos terminando. Los errores sirven para eso, para hacernos mejores, para enseñarnos las formas de cómo no hacer las cosas y de cada uno de ellos debemos aprender.
Demos gracias a Dios en todo lo que hemos vivido porque de una u otra manera hemos podido aprender algo y muchas de las situaciones que vivimos nos sirvieron para acercarnos más a Dios, por eso y más debemos de agradecer a Dios por lo bueno que ha sido para con nosotros.
Aprendamos a no cometer los mismos errores, pero sobre todo entreguémonos completamente a Dios para que siempre Él sea nuestro guía y que nuestra voluntad se doblegue y obedezca únicamente al Señor Dios Todopoderoso.
¡Gloria a Dios por este año que termina!
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
1 Tesalonicenses 5:18
Hay momentos en la vida que lo cambian todo. Decisiones, encuentros, experiencias… pero hay uno en particular que marcó un antes y un después en mi historia. Hoy quiero compartir con vos no solo un testimonio, sino una realidad: Dios transforma vidas. Antes de Cristo: una vida sin dirección Quiero empezar siendo completamente honesto. Antes de conocer a Cristo, mi vida era un caos. Era una persona difícil: soberbio, egoísta, orgulloso y muchas veces hiriente con mis palabras. La convivencia conmigo no era fácil, y mi interior estaba lejos de la paz. Pero aunque yo no lo sabía, Dios ya estaba obrando. El día que todo comenzó El 17 de mayo de 2012 llegué por primera vez a una iglesia. No fue por convicción profunda, sino por curiosidad. Dos personas me hablaron del amor de Cristo y acepté la invitación sin imaginar lo que vendría. Ese día no cambió todo de inmediato… pero Dios empezó a trabajar en mi corazón. Sentí algo distinto: paz, amor, aceptación. Un ambiente que nunca an...

Comentarios