En la tarde de aquel lunes, recibimos con sincera alegría una invitación que, sin saberlo, guardaba en su interior una expresión extraordinaria de amor fraternal.
Lo que parecía un encuentro más, se transformó en una inolvidable y conmovedora sorpresa preparada por nuestros hermanos en la fe.
Con delicadeza, dedicación y un afecto genuino, organizaron nuestra despedida de solteros, convirtiéndola en un momento profundamente significativo para nuestras vidas. Cada detalle reflejó no solo esmero, sino también el amor de Cristo manifestado a través de Su Iglesia.
Todo aconteció de manera tan especial, tan cuidadosamente guiada, que solo nos quedó rendirnos a la belleza del momento, reconociendo en cada instante la mano fiel y providente de Dios.
En nombre de Adriana Garnica y en el mío propio, Walter David Miño, deseamos expresar nuestra más sincera y profunda gratitud por este gesto tan noble y lleno de amor. Agradecemos a cada persona que, con entrega y compromiso, hizo posible esta velada, así como a todos aquellos que nos honraron con su presencia.
Oramos para que el Señor recompense abundantemente cada siembra de amor, conforme a Su Palabra:
"Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir."
— Lucas 6:38
Con amor en Cristo,
Walter David Miño
Adriana Garnica
Hay momentos en la vida que lo cambian todo. Decisiones, encuentros, experiencias… pero hay uno en particular que marcó un antes y un después en mi historia. Hoy quiero compartir con vos no solo un testimonio, sino una realidad: Dios transforma vidas. Antes de Cristo: una vida sin dirección Quiero empezar siendo completamente honesto. Antes de conocer a Cristo, mi vida era un caos. Era una persona difícil: soberbio, egoísta, orgulloso y muchas veces hiriente con mis palabras. La convivencia conmigo no era fácil, y mi interior estaba lejos de la paz. Pero aunque yo no lo sabía, Dios ya estaba obrando. El día que todo comenzó El 17 de mayo de 2012 llegué por primera vez a una iglesia. No fue por convicción profunda, sino por curiosidad. Dos personas me hablaron del amor de Cristo y acepté la invitación sin imaginar lo que vendría. Ese día no cambió todo de inmediato… pero Dios empezó a trabajar en mi corazón. Sentí algo distinto: paz, amor, aceptación. Un ambiente que nunca an...

Comentarios