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En las Manos de Quien?

La tarde comenzó a llegar y las sombras de la noche comenzaron a dejarse ver por todos los presentes, mientras los últimos destellos de luz solar insistían en alumbrar por en medio de algunas nubes que cubrían el firmamento.
Había sido un día agitado, aunque al inicio del mismo los propósitos del Señor era descansar aunque fuera unas horas de aquel día. No había resultado así, pues mucha gente que lo quería escuchar, lo siguieron a pié y ahora estaban allí escuchando las profundidades de la sabiduría celestial que emanaba de los labios y el corazón del maestro Jesús de Nazaret
Mas el día había pasado, Jesús había accedido a compartirles la palabra de Dios por que vio en aquella gente la necesidad espiritual, pero ahora la noche se cernía y aquel día nadie había probado bocado por no perderse una sola de las palabras del Señor.
La preocupación de los discípulos como del mismo maestro fue, que se iba a hacer pues se había pasado el día entero, nadie había comido nada, pero ahora el hambre se iba a manifestar en aquellos que estaban allí.
La idea más sencilla surgió de la boca de los apóstoles: “despídelos”. Era una forma de evadir una responsabilidad que Dios el Padre les había delegado en aquel día y también una forma de decirle a la gente, “muchachos se acabó la charla y nosotros tenemos que ir a descansar”
Más Jesús no pensaba de esa manera y les dijo: “No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer”
Si estaban perplejos de ver la resistencia del maestro para estar todo un día hablando y a la gente escuchando con atención todo el tiempo, ahora se asustaron.
Lucas nos dice en su evangelio la respuesta firme de los discípulos ante esta solemne declaración del Señor: “Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios y les demos de comer”
Era una forma de decirle al Señor, ¿pero no te das cuenta que la hora es avanzada, que a esta hora no hay lugar donde consigamos pan y además no tenemos todo el dinero que se habría que gastar para conseguir una cantidad de pan para todas estas personas?
Jesús los estaba probando y les preguntó: “¿Cuantos panes tenéis?”
Ellos fueron a ver que podían conseguir y le dijeron: “cinco y dos peces”
Cabe aclarar aquí, que esos cinco panes y dos peces no eran de los discípulos sino de un muchacho que los había traído para saciar el hambre, terminada la exposición de la palabra.
El Señor mandó traer esos panes y peces y luego de bendecirlos los dio a los apóstoles para que ellos los repartieran entre la gente y en aquel milagro de multiplicación, la gente pudo ver como unas diez mil personas, fueron alimentadas con el sustento que Jesús había provisto en aquel día por medio de un milagro creativo.
Pero yendo más allá en esta historia, vale la pena pensar en un detalle que muchas veces viene a nuestra mente, y es, ¿y si el muchacho se hubiera negado a entregar esos panes y peces?
Dios nunca se queda sin recursos y alguna otra cosa el Señor hubiera hecho si este hubiese sido el caso; pero el centro de la idea de este pasaje es que mientras los panes estuvieron en las manos del muchacho, solamente eran cinco panes y dos peces, pero cuando pasaron a las manos del Señor, sirvieron para alimentar a varios miles de personas.
Esto necesariamente nos lleva a una meditación profunda, pues lo que nos dice esta palabra de Dios, y ya en referencia a nosotros y a nuestra vida, proyectos, éxitos y fracasos, es que en nuestras manos nuestra vida no sirve para mucho, pero en las manos de Dios puede llegar a convertirse en un milagro.
Ese muchacho jamás imagino aquel día cuando embalo esos alimentos lo que Jesús iba a hacer con ellos.
Reflexión más que suficiente para que pensemos de nosotros mismos y nos cuestionemos por ejemplo, en manos de quien hemos colocado nuestros proyectos.
Tenemos un trabajo y nos sentimos contentos con los resultados; tenemos una familia y somos felices viéndonos rodeados de los nuestros, vivimos bajo un techo propio y nos regocijamos por nuestra capacidad para lograr todas estas cosas.
Pero… ¿todo esto está en las manos del Señor? ¿Tu empleo, tu familia, tu casa tus bienes, tus proyectos, ya los colocaste en las manos de Dios o aun sientes que eres el gerente de tu vida?
Quizá no hemos leído todavía las palabras del salmo 37:5 que a la letra dice: “Encomienda a Jehová tu camino y confía en él y el hará”
¿Ya pusiste tus proyectos en las manos del Señor? ¿O estás como el muchacho que tenía en sus manos el pan que saciaría el hambre de miles pero él no lo sabía?
Que el Señor te bendiga mucho
Ptor. Ismael E. Parrado
Enero 09/2014

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