Ir al contenido principal

¿Por qué se dividen las iglesias?


Sabemos que el llamado crecimiento de la iglesia es producto en parte a las divisiones; lo que otros llaman “multiplicarse”.
Y cabe preguntarse, ¿Cuáles han sido los factores para la creación de tantas denominaciones y sectas? Desacuerdos por cuestiones administrativas o de interpretación teológica; diferencias entre líderes y exégetas, conceptos muy variados en materia de enseñanza y culto. 
Mientras algunos se empeñan en conservar las formas, otros se avocan a la contemporización, a ubicar la doctrina dentro del tiempo y los cambios del tiempo. 
Quizás habrán otros motivos para que tengamos como dijo Dulles: “Modelos de Iglesias” que no es lo mismo que decir iglesias modelos. 
Ante esta realidad los creyentes no tienen que adherirse a una doctrina o culto, tienen para escoger y moverse de una a otra confesión con gran facilidad. 
Dentro de las denominaciones cuando un grupo de inconformes se organiza lo reconocen y le dan la bienvenida con tal de mantenerlos dentro de la organización. 
No existen parámetros para impedir que alguien declare su independencia y siga siendo reconocido como miembro del mismo organismo contra el cual se reveló. ¡Que cosa más triste!
Siguiendo este patrón de comportamiento, los miembros de una iglesia se sienten en la libertad de moverse de una a otra cuando algo no sea de su agrado allí donde comenzó su vida cristiana. Es como si los miembros de la iglesia hubiesen firmado un “contrato” y no “un pacto”. 
El énfasis en la libertad individual ha explosionado el divorcio entre los matrimonios, que hoy por hoy no consideran el matrimonio un “pacto”, sino un contrato.
El Apóstol Pablo señaló a los corintios haberlos casado con uno solo, con Cristo. 
Llamó a los efesios a ser miembros de un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo, y nosotros miembros los unos de los otros. 
Desafortunadamente los líderes que sólo buscan números no tienen tiempo para consolidar el pacto de los creyentes, es suficiente verlos cada semana sentados en algún lugar del santuario. 
Por su parte los creyentes no pasan de ser eso, no llegan a ser discípulos. 
Buscan ser aceptados, complacidos y tolerados; siguen siendo niños espirituales. 
Por eso es tan fácil verlos moverse de una congregación a otra buscando sentirse bien.  
Pocos son los que nacen, se desarrollan y mueren dentro de una comunidad de fe.
El factor perseverancia es extraño en la mayoría de nuestras congregaciones; por el contrario la puerta de la iglesia es una de rotación; se entra y se sale por la misma, simplemente dando la vuelta. 
Y cabe preguntarnos: ¿Dónde está el amor que nos profesamos como miembros de una congregación? ¿Dónde queda el servicio que suponemos ofrecer a los demás miembros? ¿Cómo puede funcionar bien un cuerpo desmembrado? Es algo inimaginable la existencia de un cuerpo sin un pie, un brazo, un ojo y lo que es peor sin voz ni energía para subsistir.
Ante este fenómeno creo que Jesús no está contento. Su oración sacerdotal fue que fuesen uno, que se amaran los unos a los otros para que el mundo viendo la unidad de los hijos de Dios creyesen en Él. 
El espectáculo de las divisiones son pretexto de sanar no sirve para otra cosa que para abonar a la apatía y la incredulidad del mundo que no conoce a Cristo. 
Tenemos que aprender a sufrir dentro del cuerpo de Cristo, a echar raíces profundas en el terreno donde fuimos plantados para que los vientos de la discordia y el descontento no nos arranquen fácilmente.
Siento que ante la presente crisis de la IGLESIA, así con mayúsculas, la pregunta de Jesús es la misma que hizo a Pedro después de la resurrección:  ¿Me amas? Porque si el amor a Cristo es fuerte no habrá disgusto, contienda o tribulación que nos mueva. 
La lealtad a la iglesia está por encima de nuestras conveniencias personales, no podemos desmembrar el cuerpo de Cristo para satisfacer nuestro deseo. 
No fue un contrato sino un pacto lo que hicimos cuando nos unimos a la iglesia, por tanto rechacemos con todas nuestras fuerzas la tentación a dejar vacío nuestro lugar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un cambio que marcó mi vida: de un corazón herido a una vida transformada por Dios

Hay momentos en la vida que lo cambian todo. Decisiones, encuentros, experiencias… pero hay uno en particular que marcó un antes y un después en mi historia. Hoy quiero compartir con vos no solo un testimonio, sino una realidad: Dios transforma vidas. Antes de Cristo: una vida sin dirección Quiero empezar siendo completamente honesto. Antes de conocer a Cristo, mi vida era un caos. Era una persona difícil: soberbio, egoísta, orgulloso y muchas veces hiriente con mis palabras. La convivencia conmigo no era fácil, y mi interior estaba lejos de la paz. Pero aunque yo no lo sabía, Dios ya estaba obrando. El día que todo comenzó El 17 de mayo de 2012 llegué por primera vez a una iglesia. No fue por convicción profunda, sino por curiosidad. Dos personas me hablaron del amor de Cristo y acepté la invitación sin imaginar lo que vendría. Ese día no cambió todo de inmediato… pero Dios empezó a trabajar en mi corazón. Sentí algo distinto: paz, amor, aceptación. Un ambiente que nunca an...

¿Qué harías si te quedara poco tiempo de vida? Una reflexión que no podés ignorar

Vivimos como si el mañana estuviera garantizado. Hacemos planes, postergamos decisiones, dejamos palabras sin decir… y rara vez nos detenemos a pensar en algo incómodo pero real: ¿Qué harías si supieras que te queda poco tiempo de vida? El tiempo: un recurso que no vuelve Muchas veces no valoramos la vida que tenemos. Descuidamos lo importante: las personas que amamos los momentos simples las oportunidades de hacer lo correcto Vivimos con indiferencia, como si siempre hubiera otra oportunidad. Pero la verdad es esta: el tiempo que pasa, no vuelve. Decisiones que destruyen en silencio Cuando alejamos a Dios del centro de nuestra vida, comenzamos a construir sobre bases débiles. Los vicios, las malas compañías, los hábitos incorrectos y una vida superficial pueden parecer inofensivos al principio… pero con el tiempo destruyen todo. Dios no diseñó una vida vacía. Dios pensó en una vida firme, con propósito, con dirección. “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan lo...

Nunca se olvida a quien se quiere

Solo me queda decirte adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti. Cuando te perdimos te lloré con el alma. Podremos amar mucho a alguien, pero jamás le amaremos tanto como le podremos extrañar, después de haber perdido algo que era muy importante y valioso para nosotros. Cuando perdemos a alguien importante en nuestra vida, lo que no se va en lágrimas, se va en suspiros. Despedirse cuando se quiere no duele, duelen todos los momentos que se irán con ese adiós. Extrañamos esas conversaciones sin hablar, esas miradas de comprensión y esos "te quiero" sin decir nada. Hay recuerdos que nunca se borrarán y personas que nunca se olvidarán, aunque lo intentemos. Cómo duele pensar y no tenerlo a nuestro lado, como duele soñar y comprender que nunca mas lo tendremos con nosotros. No hay nada que duela tanto como extrañar a alguien y saber que no podemos hacer nada al respecto. A veces llorar parece de tontos, pero es que a veces las palabras no pueden decir, lo...