Hay historias que nacen en medio de la incertidumbre, el silencio y las preguntas sin respuesta.
Esta es una de ellas.
Nací en Sauce, Corrientes, en un contexto difícil.
Desde muy pequeño conocí el abandono, las carencias y las preguntas que muchas veces acompañan a quienes crecen buscando respuestas sobre su propia identidad.
No me crié junto a mi madre ni dentro de una estructura familiar tradicional. Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la ausencia y por distintas situaciones que me obligaron a madurar desde muy temprano.
Sin embargo, aun en medio de las dificultades, Dios nunca dejó de sostenerme y de poner personas en mi camino que fueron importantes en diferentes etapas de mi vida.
Con el paso de los años aprendí que muchas veces las heridas más profundas no son las materiales, sino aquellas que quedan marcadas en el corazón.
El rechazo, las dudas y los silencios pueden afectar profundamente la autoestima y la manera en que una persona se ve a sí misma.
Quizás por eso, hace años entendí que no quería perder mi tiempo en discusiones vacías ni en ambientes que no aportaban nada positivo a mi vida.
Mientras muchos utilizaban las redes sociales solamente para distraerse, decidí convertir ese espacio en una oportunidad para compartir mensajes de reflexión, experiencias y palabras de ánimo para quienes atraviesan situaciones difíciles.
Porque muchas veces una simple palabra puede convertirse en esa fuerza necesaria para que alguien vuelva a levantarse.
No soy pastor ni psicólogo.
Soy simplemente una persona que aprendió a escuchar, observar y entender que todos llevamos luchas internas que muchas veces nadie conoce.
Tampoco me considero perfecto.
Cometí errores, tuve fracasos y tomé malas decisiones, como cualquier ser humano.
Pero descubrí que lo importante no es haber caído, sino tener el valor y la voluntad de cambiar.
A lo largo de mi vida estudié, trabajé, serví en el Ejército Argentino y seguí avanzando aun cuando muchas puertas parecían cerrarse.
Cada experiencia, buena o mala, fue formando mi carácter y fortaleciendo mi fe.
Con el tiempo, la justicia confirmó legalmente una verdad que durante años estuvo marcada por el silencio.
Pero lejos de guardar rencor, decidí mirar el pasado con madurez y entender que incluso las pruebas más dolorosas pueden transformarse en herramientas para ayudar a otros.
La Palabra de Dios dice:
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” — Juan 8:32
Hoy puedo decir que lo vivido no me destruyó: me formó.
Comparto este testimonio porque sé que muchas personas atraviesan situaciones similares: rechazo, abandono, tristeza, injusticias o momentos donde sienten que nadie los comprende.
A todos ellos quiero decirles algo importante: tu valor no depende de lo que otros dijeron, hicieron o negaron sobre tu vida.
Todos podemos cambiar.
Todos podemos levantarnos.
Todos podemos volver a empezar.
Y aunque el camino muchas veces sea difícil, cuando Dios guía nuestros pasos, siempre existe esperanza.
Un abrazo desde Buenos Aires.
Walter David Miño
Orgullosamente sauceño.

Comentarios
en la oscura sonrisa de la tarde
llegaste justo a los umbrales
de mi soledad
mi vida se colmo de magnificas espigas
y mi piel casi deshabitada
sintio de pronto
como el viento encendia llamaradas
azules en el alma.
no habia indeferencia
en tu mirada
perforaban las esferas de los sueños
como testigo de mi desamparo.
la ilusion y la esperanza
abrienron nuevas luces en el universo
de la tierra
llenaste las raices de esperanza
llenaste mi raiz de mi alma
con un volver,y un asta
pronto,sola aqui!!
te digo te espero!!!